Últimamente escucho con más frecuencia hablar de work-life balance entre personas en sus 20s. ¡Gran error! En tus 20s, deberías enfocarte en aprender, arriesgarte, trabajar duro y probarte a ti mismo de qué estás hecho. El work-life balance puede ser una prioridad en el último tercio de la vida, pero no al comenzarla. Tuve la fortuna de entender esto en mis 20s y no me he arrepentido ni un momento de adónde me ha llevado esa mentalidad. Hoy, creo que hay una epidemia de la idea de work-life balance, potenciada por el internet. Ojalá más personas en sus 20s optaran por trabajar en una startup: todo por ganar y nada por perder.Describir cualquier cosa como epidemia automáticamente implica que es mala, y que debería de ser eliminada. Que se le considere de esta manera a la creciente consciencia sobre la importancia de tener en cuenta aspectos de bienestar y sostenibilidad en nuestras carreras profesionales es una muestra de todo el trabajo que nos hace falta hacer a nivel institucional por cambiar las cosas. Entiendo que Javier valora el trabajo duro, y la dedicación temprana a su craft ha sido clave de su éxito. Sin embargo, es importante reconocer que esta visión no necesariamente aplica para todos, ni todos están en las mismas circunstancias que les permita siquiera considerarla como una opción.
A grandes rasgos, las etapas de una carrera profesional se ven así:
- Alguien que va iniciando en su carrera suele tener más facilidad de sacrificar su tiempo e ingresos por adquirir experiencia. Probablemente, todavía no tiene responsabilidades familiares ni económicas, y puede apalancarse de otros aspectos de su vida para crecer profesionalmente.
- En la etapa media de tu carrera, que ya tienes suficiente experiencia sólida, puedes comenzar a priorizar tu crecimiento económico y financiero. En esta etapa es donde personas que ya confían en sus habilidades, comienzan a expandir su alcance, por ejemplo, con un trabajo de tiempo completo y un freelance que paga 2x por hora. Sacrifican tiempo libre por continuar adquiriendo experiencia y construyendo un patrimonio.
- Y luego llega el punto donde tienes familia, hijos, compromisos sociales, o simplemente ya tienes otros intereses. Aquí es donde puedes decidir sacrificar el crecimiento profesional para dedicarte a la familia, hobbies, etc…, con muy pocas o nulas repercusiones económicas. Ya eres muy bueno en lo que haces, y tu esfuerzo/ingresos pueden no estar correlacionados 1:1.
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