Cuando la tecnología mercantiliza un conjunto de insumos en el proceso de producción laboral, impulsando su costo y valor hacia cero, hace que otros insumos sean más valiosos. Ya hace tres décadas, el economista del MIT David Autor y sus colegas descubrieron que a medida que las computadoras mercantilizaban "tareas cognitivas rutinarias", como la teneduría de libros y la contabilidad o el apoyo administrativo y de oficina, el valor relativo de las tareas analíticas e interpersonales no rutinarias aumentó. Poco más de 10 años después, el execonomista jefe de Google, Hal Varian, aconsejó a quienes buscan empleo: "Si buscas una carrera en la que tus servicios tengan una gran demanda, debes encontrar algo en lo que proporciones un servicio escaso y complementario a algo que se está volviendo ubicuo y barato".
No lo había puesto en esas palabras, pero estoy 100 % de acuerdo. En 2021:
La tendencia es clara. La verdadera ventaja competitiva para un desarrollador de software no será la parte técnica, sino las habilidades interpersonales.
Con el aspecto técnico resuelto (parcialmente) por inteligencias artificiales, las discusiones técnicas dejarán de ser la parte más importante del desarrollo. Los “programadores” ahora se dedicarán a tener discusiones sobre la ética y seguridad del código generado por la computadora. Las tareas técnicas serán resueltas, en su mayoría, gracias a la ley de Moore. Desarrollar software ya no se tratará de programar.