Te levantas una mañana y el piso está mojado.
No sabes a qué hora llovió. No sabes si llovió mucho o poco, si hubo truenos. Llovió. Punto. Lo único que tienes enfrente es la evidencia de algo que ya pasó.
En el mundo de los datos a esto se le llama un lagging indicator: una señal que confirma un evento después de que ocurrió. Su contraparte es el leading indicator, la señal que anuncia que algo va a pasar. Hueles a tierra mojada: probablemente va a llover. El olor anticipa; el piso mojado confirma.
Ahora ponlo en términos de tu carrera.
El título que ves en LinkedIn (el tuyo, el de los demás) es el piso mojado.
El título que aparece en tu performance review es un lagging indicator de algo que ya pasó. Cuando una empresa funciona bien, te dan el título de senior o de staff engineer porque llevas un año ejecutando a ese nivel, de manera consistente, donde todos lo pueden ver. El reconocimiento llega después del comportamiento. Siempre después.
Y aquí hay un antipatrón que veo seguido (sin juicio, casi todos hemos pasado por ahí): esperar la promoción para empezar a comportarte como el siguiente nivel. "Dame el título y el aumento, y entonces sí asumo esas responsabilidades." Toma la recompensa y luego haz.
Está al revés.
Pedir el título antes del comportamiento es como exigir que el piso amanezca mojado para que entonces llueva. La evidencia no produce el evento. El título no es la meta. Es el recibo.
Cuando alguien de mi equipo me dice que quiere ser staff engineer, mi respuesta es: perfecto, entonces te voy comenzar a tratar y exigir como staff engineer. No el día que firmen el papel. Un año antes.
¿Para qué? Para que aparezca el delta.
En el momento en que empiezas a recibir el trabajo, las decisiones y las expectativas del siguiente nivel, se vuelve visible exactamente qué habilidades te faltan. Ese delta es el plan de crecimiento real, no la lista genérica del career ladder. Y cuando llevas seis meses o un año ejecutando a ese nivel, la promoción se convierte en un trámite, no en una apuesta.
Si tienes un manager que opera así, ya sabes qué conversación tener.
Si no lo tienes, la mecánica sigue funcionando; nada más que la inicias tú. Porque el título te lo tienen que dar, pero el comportamiento no. Nadie te tiene que autorizar a entender el negocio, a anticipar problemas en lugar de reportarlos, a hacer mejor a la gente alrededor tuyo. Esas conductas están disponibles hoy, con el título que ya tienes.
Y aquí viene la parte que incomoda: el título que tienes ahorita no es un logro que defender. Es el baseline. Es el mínimo que ya demostraste que puedes sostener. La empresa no te lo dio como premio; te lo dio como confirmación.
Si esa frase te movió algo, bien. Significa que estamos hablando de algo real.
Ahora, antes de que salgas corriendo a ejecutar dos niveles arriba del tuyo: operar al siguiente nivel cuesta, y el costo sale de un presupuesto que no crece. Tienes las mismas quince horas despierto que todos los demás, y ya están repartidas entre la chamba, tu salud, tu familia y tu tiempo. Comportarte como el siguiente nivel durante un año no se paga con motivación; se paga con esas horas.
Por eso la pregunta estratégica no es "¿quiero la promoción?". Casi todos decimos que sí en automático. La pregunta es: ¿qué distribución de mis horas estoy dispuesto a sostener durante un año, y qué lugar ocupa esto en ella?
Decidir que ahorita no, que este año tu energía está en otra parte, también es una respuesta válida. La diferencia entre esa decisión y la deriva es que una la tomaste tú.
Tarea, si la quieres (no te voy a decir que lo hagas; más bien, a ver si lo haces): escoge un comportamiento, uno solo, del nivel al que quieres llegar. Algo observable en la gente que ya está ahí. Sostenlo durante un mes antes de pronunciar la palabra "promoción" en voz alta.
Un mes después vas a saber dos cosas: si el delta es del tamaño que creías, y si de verdad quieres pagar lo que cuesta. Las dos respuestas valen oro. Y las dos llegan antes que cualquier título.
Y si quieres trabajar ese delta acompañado, para eso estoy. Así trabajo el coaching 1:1. Sin prisa. Pasito a la vez.
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