Hay un rumor fuerte circulando en la industria: Anthropic y OpenAI están preparando el terreno para salir a la bolsa. Nadie sabe la fecha exacta, y los IPOs se atrasan o se caen todo el tiempo, pero la dirección es clara y vale la pena pensar en lo que pasa cuando suceda.
Para la mayoría, esto es una noticia financiera más. Para los que hacemos software, es un volantazo muy cabrón que ya empezó a redefinir nuestra profesión. El IPO no lo va a causar; lo va a acelerar y, probablemente, lo va a volver irreversible.
Cuando una empresa de este tamaño sale a la bolsa con un múltiplo alto, el mercado no está validando su metodología de desarrollo: WeWork llegó a valer 47 mil millones de dólares y no fue por su disciplina de ingeniería. Lo que sí hace un IPO exitoso es repartir liquidez. Y ahí es donde empieza lo interesante para nosotros.
Hace poco salió a la luz que el año pasado OpenAI le permitió a algunos empleados vender acciones secundarias en una ronda estructurada, con un tope de hasta 30 millones de dólares por persona. Ojo: ese tope lo alcanzaron sobre todo los que llegaron temprano y acumularon suficiente equity, no el empleado promedio. Pero el dato de fondo se sostiene: hay gente que lleva años construyendo estas empresas que, en papel, ya tiene fortunas considerables. Y todavía no son empresas públicas.
Cuando llegue el IPO, y después del periodo de lockup de seis meses requerido para vender acciones, esa liquidez se vuelve real y se multiplica. ¿Y qué crees que va a hacer esa banda con ese dinero?
Una parte se va a convertir en inversionistas ángeles: cheques personales de cien mil a un par de millones de dólares en startups que apenas arrancan. No estoy hablando de fondos institucionales de cientos de millones. Hablo de la gente que va a decidir qué semillas se siembran. Y esa gente ya no va a ser puro ex-Google o ex-Meta. Va a haber una camada nueva: ex-OpenAI, ex-Anthropic, con otros instintos sobre lo que es "normal".
Aclaremos algo para no caer en el cuento fácil: OpenAI y Anthropic son outliers extremos. El punto no es replicar sus condiciones de talento, cómputo y capital casi ilimitados que no va a ser realista intentar replicar. El punto es leer hacia dónde se están moviendo las expectativas de quien pone el dinero.
Imagínate sentarte a levantar tu ronda semilla frente a uno de estos ángeles. Cuando tu CTO le explique que el proceso del equipo incluye tres rondas de review donde cada revisor levanta una preocupación distinta y nadie tiene autoridad para aprobar, o un RFC de seis semanas para una feature que de todos modos van a tirar el siguiente trimestre, no se va a reír de los reviews. Se va a reír del teatro.
Porque esa es la distinción que importa, y la que casi nadie hace: hay proceso que protege al producto, y hay proceso que protege la identidad profesional del ingeniero o que existe nada más "porque así le hacen los equipos serios". Los code reviews bien hechos, los tests que atrapan regresiones de verdad, las decisiones de arquitectura que te dejan moverte rápido después. Eso no es purismo, es competencia básica, y con IA generando más código más rápido importa más que nunca. El teatro de proceso es lo que se va a ir a cero.
"ALV con tu teatro de juntas. Constrúyelo, ponlo enfrente de usuarios reales y dime si el mercado lo paga."
Estos nuevos inversionistas tienen calibrado en la cabeza lo que se puede construir hoy en dos semanas, porque construyeron las herramientas que lo hacen posible. Vale la pena ser honestos con el ejemplo: cuando Anthropic sacó Cowork, fue una herramienta interna, hecha por un equipo experto sobre una plataforma que ellos mismos controlan. No es el baseline universal. Pero incluso con todas esas ventajas, la velocidad es real y reordena lo que un inversionista espera ver.
La industria del software lleva años dejando de ser sobre la tecnología para ser, absoluta e inmamablemente, sobre el producto. Esto no es nuevo: pregúntale a cualquiera que lleve más de cinco años en esto. Lo que hace el IPO es pisar el acelerador.
¿Esta camada nueva va a tener sus puntos ciegos? Claro. Van a sobrevalorar la velocidad, van a subfinanciar el mantenimiento, y algunos van a fondear productos que se estrellan a los dos años cuando toca escalar o cumplir con regulación. Pero acá en Latinoamérica eso casi no cambia el cálculo: la norma que fije esta gente nos llega de todos modos, porque es a los fondos gringos a quienes los founders latinos van a tocar la puerta para sus rondas de crecimiento.
El modelo de desarrollo romántico, donde el diseño de la arquitectura es el corazón de tu chamba, ya fue. Pero no se trata de construir más rápido a lo bestia. Se trata de velocidad de aprendizaje validado: qué tan rápido tu equipo genera evidencia real de lo que el mercado quiere. El error no es escribir tests; el error es validar la corrección del código de un producto cuya hipótesis de valor sigue sin probarse.
Yo viví el momento exacto en que esto me cayó: el día que me di cuenta de que la junta de arquitectura más elegante de mi carrera había sido para una feature que ningún usuario llegó a tocar. No fue una falla técnica. Fue una falla de secuencia, de en qué orden pones tus apuestas.
Si no estás seguro de en qué categoría caen tus prácticas actuales (cuáles protegen al producto y cuáles son teatro), ese es exactamente el trabajo. Llena este formulario para agendar una llamada de exploración para mi programa de coaching. Te ayudo a hacer esa recalibración antes de que la tolerancia de la industria sea mucho menor.
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