Hace unos años, ser ingeniero de software era como tener un pase VIP para el mercado laboral. Recuerdo bien esa época —más o menos por ahí de 2014 o 2015— cuando teníamos un employee marke. Si sabías programar, tenías el control. Podías dictar tu precio, las empresas se peleaban por ti y era común recibir ofertas semanales en LinkedIn que básicamente decían: "No nos importa la entrevista, ven a trabajar con nosotros y te pagamos lo que quieras".

En ese entonces, la oferta de ingenieros era poca y la demanda infinita. Podías darte el lujo de ser un rockstar difícil de tratar, siempre y cuando tiraras buen código.

Pero ese mundo ya no existe.

La industria de la tecnología, tal como la conocimos, ha muerto. Ya no existe. Y si no has ajustado tu brújula interna, es muy probable que te sientas perdido o frustrado en el mercado actual.

La dilución del talento

¿Qué fue lo que pasó? Varias cosas, pero la pandemia fue el catalizador definitivo. De repente, cientos de miles, si no es que millones de personas en empleos tradicionales vieron en el software una salvación. Los bootcamps explotaron y hubo una inyección masiva de talento al mercado. Tal vez no sabían arquitectura profunda, pero funcionalmente podían entregar el 80% de lo que un negocio necesitaba por una fracción del costo.

Luego llegó la IA. Herramientas como GitHub Copilot, ChatGPT o Claude democratizaron la capacidad de escribir código a tal nivel que hoy, virtualmente, cualquiera puede generar una solución técnica funcional con el prompt adecuado. En 2024 escribí:

El mercado laboral tiene las mismas dinámicas que cualquier otro mercado.

Una demanda alta de un recurso que tiene poca oferta, genera precios altos.

Oferta alta de un recurso que tiene poca demanda, hace que los precios se vayan al suelo.

La tormenta perfecta se creó: las empresas comenzaron a ser más conscientes de sus gastos, al mismo tiempo que incrementó la oferta de personas medianamente capacitadas. Entonces los sueldos bajaron, y las personas que encontraron trabajo lo hicieron con sueldos de una fracción de lo que se veía en 2018.

En ese sentido, muchas personas que entraron a un bootcamp con la promesa de ganar mucho dinero, se sintieron decepcionadas.

En una línea de tiempo paralela, la inteligencia artificial se estaba haciendo cada vez más popular y poderosa. Así que ahora las personas buscando trabajo no solamente tienen que competir contra un ejército de egresados de bootcamps y con ingenieros de alto calibre que habían sido despedidos. También compiten con la IA, que hace que muchos de los procesos para los que anteriormente una empresa hubiera contratado a un programador, ahora estén automatizados.

Dos años después, ya no necesitas tener experiencia ni un certificado de bootcamp para poder producir código funcionalmente aceptable.

El código se diluyó como el agua.

Ya no es el determinante de valor porque hoy escribir código es barato, accesible y abundante. El mercado se invirtió: ahora las cartas las tienen las empresas.

Deja de optimizar para la vista

Cuando platico con ingenieros que se sienten estancados o desmotivados porque no logran dar ese salto salarial que esperan, noto un patrón común: están optimizando para la "vista" de la base de datos, en lugar de normalizar su "arquitectura" interna.

Imagina que eres una base de datos. Tienes tus tablas, tus relaciones, tus índices (tus habilidades reales). Un proceso de entrevista en una empresa es solamente una vista hacia esa base de datos. Muchas veces, los ingenieros pasan meses intentando descifrar qué query les va a aventar tal o cual empresa para armar una tabla que responda solo a eso.

El problema es que, si solo construyes para la vista, cuando el query cambie o la empresa pida algo diferente, no vas a saber de dónde sacar la data.

Los principios fundamentales del diseño de sistemas, el desarrollo de producto, la capacidad de hablar con stakeholders y la negociación no cambian. Son tu base de datos normalizada. Si tienes eso bien cimentado, puedes responder a cualquier query que el mercado te aviente.

¿Si no es el código, entonces qué? 

Si el código ya no es el factor diferenciador, ¿qué es lo que te hace valioso hoy?

La realidad es que es exactamente lo mismo que siempre te ha hecho diferente, solamente que hoy hay mucho menos ruido al rededor de ello.

Revisa cualquier descripción de puesto para un Senior Engineer en una empresa. No hablan de lenguajes de programación. Hablan de:

  • Ciclo de vida del producto.
  • Comunicación con stakeholders.
  • Diseño de soluciones que resuelvan problemas de negocio.
  • Arquitectura y escalabilidad.

A las empresas ya no les interesa contratar a alguien que sepa JavaScript o Go o Ruby. Les interesa contratar a alguien que sepa usar la tecnología para hacer dinero o ahorrarlo. El negocio existe para generar valor, no para coleccionar repositorios bonitos. Y siempre ha sido así, pero la industria de hoy en día ya no tiene ni el tiempo ni los incentivos para maquillar esa verdad.

Si eliminas la variable de "escribir código" de la ecuación, ¿qué traes tú a la mesa? Tu capacidad de traducir requerimientos obtusos en roadmaps ejecutables.

El gimnasio de la disciplina

Entiendo que hacer este cambio de mindset es cansado. Es más fácil quedarte en la zona de confort de tu editor de texto que salir a pelear por entender los incentivos de una organización.

Pero aquí es donde entra la disciplina. Siempre digo que construir una carrera es como ir al gimnasio. El chiste no es solo pararte ahí o agarrar la pesa de media libra que llevas cargando seis meses. El chiste es empujar tu capacidad, cuidar tu dieta (lo que consumes intelectualmente) y ser constante incluso los días que no tienes ganas.

Para lograrlo, necesitas una meta lo suficientemente grande. Algo que te haga levantarte a estudiar diseño de sistemas o a practicar tu comunicación asertiva aunque estés agotado. ¿Es comprar tu casa? ¿Es libertad total para trabajar remoto? ¿Es simplemente la vanidad de ser el mejor pagado de tu círculo? No importa qué sea, pero elígela bien.

Si no tienes una meta que te mueva, te vas a quedar cargando la misma pesa de media libra mientras el mercado te pasa por encima.

Tu tarea

Sé honesto contigo mismo. Deja de preocuparte por cómo vas a saber si fallaste en diciembre. Preocúpate por ser mejor de lo que eras ayer. Haz la chamba.

El mercado laboral actual es rudo, pero para quien entiende que su valor está en la resolución de problemas y no en las líneas de código, las oportunidades son más abundantes que nunca.

Si sientes que tu carrera está en ese punto donde el código ya no te alcanza y necesitas empezar a optimizar tu influencia y tu impacto, aplica a una sesión de coaching conmigo. Vamos a mapear tu situación actual y a diseñar tu siguiente movimiento estratégico.