En su forma más esencial, la procrastinación es una respuesta emocional ante la incomodidad. No es una falta de carácter, ni una debilidad de fuerza de voluntad.
Es tu sistema nervioso buscando una alternativa menos estresante a una actividad con la que no sabe cómo lidiar.
¿Cómo se lidia con la procrastinación? La respuesta amplia es: a través de la introspección. Necesitas entender qué es lo que realmente te está generando esa aversión hacia la tarea que tienes en frente. Después, y solo después, podrás entender cómo es que puedes ayudarle a tu cerebro a desatorarse.
Aquí están algunos pasos que puedes seguir:
Haz una lista de actividades que asocias directamente con tu procrastinación. Haz memoria y describe con mayor detalle posible qué es lo que tenías que hacer, el nivel de presión que tenías, etc.
Analiza qué tan severa fue tu procrastinación en cada una de esas situaciones, y escríbela al lado de cada una.
Lee tus respuestas, y encuentra características que tengan en común. Hacerlo te ayudará a definir la causa de tu reacción emocional.
Por ejemplo, podrías encontrar que las ocasiones en que más sufres de la procrastinación son cuando tienes deadlines impuestos por terceros. O cuando tienes que hablar sobre algo en lo que no te sientes competente. Tal vez procrastinas cuando tienes que entregar malas noticias, o cuando no tienes la confianza de hacer lo que te pidieron.
Darte cuenta de esto no va a resolver tu problema de procrastinación de una vez por todas. Pero sí te va a ayudar a entender en qué es lo que tienes que poner atención, y qué es lo que tienes que modificar de tus procesos creativos para eliminar el componente emocional de las tareas que tienes que hacer.
La procrastinación no se va simplemente con fuerza de voluntad. Date la oportunidad de resolverlo de una manera humana.
Programar y desarrollar software no son la misma cosa. Programar es escribir código, y desarrollar software es resolver problemas.
Escribir código es una actividad que cada vez necesita menos de un humano gracias a la inteligencia artificial. Pero problemas por resolver siempre va a haber, y es ahí donde está la siguiente ola de oportunidades en la industria.
Quiero que este artículo te sirva como una llamada de atención. No importa si vas iniciando tu carrera, o llevas ya mucho tiempo en esto; quiero que me escuches: saber programar ya no te garantiza un empleo.
Aquellos que nada más saben programar están viendo llegar el final de su carrera profesional en tiempo real. Unos están en negación total, y otros —los que la van a librar— se están adaptando. Todavía tienes oportunidad de ser de los segundos.
Es desalentador ver lo que está pasando con la programación. La creatividad está siendo reemplazada por diseños repetitivos y poco originales generados por IA. Todos los sitios web lucen iguales, solo otro clon de ShadCN. Hubo un tiempo en que el desarrollo web era una forma de arte, donde las personas creaban experiencias únicas e inspiradoras. ¿Ahora? Es algo sin alma, predecible y optimizado únicamente para bots y ganancias rápidas.
Para quienes están comenzando en tecnología: piénsenlo dos veces. Programar es una gran habilidad para aprender, pero no dejen que los atrape. Exploren otras carreras donde su creatividad y esfuerzo sean realmente valorados. Incluso ingenieros experimentados con más de 20 años de carrera están teniendo dificultades, así que solo puedo imaginar lo duro que es para los recién graduados.
La industria está cambiando, y no para bien.
No es cierto que la creatividad y el esfuerzo ya no son valorados. Sí lo son, pero cada vez más en otras habilidades que no son escribir código.
La industria no está “cambiando para mal”. Solamente está cambiando — como lo ha hecho muchísimas veces en el pasado.
Déjame explicarte.
Más rápido, más barato, menos trabajo
Entre 1811 y 1816, artesanos ingleses protestaron en contra de las nuevas máquinas que les estaban quitando el trabajo. Los nuevos telares y máquinas de hilar industriales introducidos durante la revolución industrial hicieron que el expertise de los artesanos fuera menos relevante.
Gracias a la nueva maquinaria, las empresas comenzaron a producir más, más rápido, y de manera más económica. Las oportunidades de empleo comenzaron a favorecer a personas menos calificadas, y que estaban dispuestas a trabajar por un salario más bajo.
La automatización bajó los costos de un proceso especializado, haciendo redundante la necesidad de contratar artesanos altamente calificados. Siempre y cuando alguien tuviera las nociones requeridas para lograr un resultado de calidad relativamente aceptable usando las nuevas herramientas, las empresas estaban dispuestas a contratarlo.
Hoy en día todavía puedes hacer una carrera en costura, pero innegablemente es más difícil. Para sobresalir, debes de tener otras habilidades más allá de saber usar aguja e hilo. Date un episodio de Next in Fashion, para que veas que la mejor ejecución no es nada sin buen concepto, diseño, marketing y posicionamiento. Y suerte. Mucha suerte.
“La historia nunca se repite. El hombre siempre lo hace,” dijo Voltaire. Saber programar ya no es suficiente si quieres seguir siendo relevante en el mercado laboral, al igual que saber manejar la tela no fue suficiente hace 200 años.
Saber programar ya no te hace especial
Los Increíbles es una de mis películas favoritas. Hacia el final de la historia, cuando Síndrome por fin los atrapa, les explica su plan:
… Y viejo y habiéndome divertido, todos mis inventos los venderé para que cualquiera pueda ser superhéroe. Todo el mundo se convertirá en súper.
Y cuando todos sean súper… nadie va a ser.
Síndrome quiere hacer desaparecer a los superhéroes haciendo sus poderes (que los hacía especiales) redundantes: en un mundo donde cualquier hijo de vecino tiene acceso a tecnología que efectivamente lo deja hacer lo mismo que un súper, los súper ya no van a ser especiales.
Hace 15 años, saber programar era como un superpoder: solo unos cuantos sabíamos, y para los que no, lo que hacíamos era un misterio casi mágico. La barrera de entrada tan alta en la industria hacía que los (relativamente) pocos que sabíamos cómo hacer que las computadoras siguieran órdenes tuviéramos un cierto estatus social al cual nos acostumbramos, y llegamos incluso hasta esperar. Todavía recuerdo cómo, por allá de 2013, las pláticas entre programadores eran una competencia para ver quién había ignorado a más reclutadores durante la última semana.
Después de tantos bootcamps, campañas de educación, y por supuesto, la IA, la barrera de entrada para ser suficientemente competente programando es más baja que nunca.
Aprender a programar es cada vez más fácil. Tanto por la abundancia de materiales educativos, como por la realidad de que cada vez es menos necesario profundizar en las bases de la disciplina1.
Saber programar es una competencia común. Aprenderlo cada vez es más fácil.
Poco a poco, todos se están convirtiendo en súper.
Y cuando todos sean súper… nadie va a ser.
Saber programar, en unos años, va a ser una habilidad tan ordinaria como saber usar una calculadora. Hasta nos va a dar risa que alguna vez hubo universidades con carreras dedicadas a enseñarla.
Saber programar no es lo más importante para desarrollar software
Programar y desarrollar software no son la misma cosa. Programar es escribir código, y desarrollar software es resolver problemas.
Con el aspecto técnico resuelto (parcialmente) por inteligencias artificiales, las discusiones técnicas dejarán de ser la parte más importante del desarrollo. Los “programadores” ahora se dedicarán a tener discusiones sobre la ética y seguridad del código generado por la computadora. Las tareas técnicas serán resueltas, en su mayoría, gracias a la ley de Moore. Desarrollar software ya no se tratará de programar.
Hace 4 años, cuando publiqué ese artículo, me cayeron muchas críticas en Twitter por tener el atrevimiento de sugerir que saber programar iba a dejar de ser lo más importante del desarrollo de software.
Sin embargo, en 2025 aquellos que solamente saben programar se la están viendo más difícil que nunca. Como Carlos dijo, incluso los que tienen 20 años de experiencia están teniendo dificultades para encontrar trabajo.
Pero eso no debería de ser sorpresa para cualquier persona que esté poniendo atención. El mercado laboral cada vez es más competitivo, es cierto. Pero se vuelve virtualmente impenetrable para aquellos que no tienen las habilidades que están en demanda.
El futuro de los que nada más saben programar
Yo también conozco programadores con 20 años de experiencia que están siendo rechazados por el mercado laboral. Y te puedo asegurar que no es porque sean malos programando: es porque no tienen las habilidades que el mercado está pidiendo.
Es porque en esos 20 años que tienen trabajando, no se preocuparon por desarrollar ninguna otra habilidad además de programar.
Cuando la empresa tiene máquinas textiles que pueden hacer más, más rápido, a menos costo, tu maestría en manejo de hilo y aguja es completamente irrelevante.
¿Qué importan tus 20 años de experiencia, si puedo obtener un resultado comparable (tal vez no igual, pero comparable) con un ahorro del 90 % si contrato a alguien no tan experimentado, pero que le pueda hacer las preguntas correctas a un LLM?
Un principio bastante popular de la programación es: primero haz que funcione, luego hazlo elegante. La realidad es que lo que realmente le importa a la gran mayoría de las empresas es que funcione. Y ya. Y si pueden hacer que algo funcione (y ya) por menos dinero, créeme: lo van a hacer.
Para muchos negocios, lo que importa es que las cosas funcionen razonablemente bien. Y si pueden llegar a una solución que funcione razonablemente bien por 10 pesos, ¿por qué invertirían 1,000 para tener una que funcione marginalmente mejor (o más elegantemente) que la alternativa?
Entonces, ¿qué nos depara el futuro del mercado laboral en tecnología? La respuesta es sencilla: la ventaja competitiva la tendrán aquellas personas que saben hacer algo más que programar. Hablar con clientes, crear y nutrir relaciones, comunicarse con personas sin conocimientos técnicos, entender la economía del mercado en el que está su empresa.
Resolver problemas.
Las oportunidades laborales para los programadores son cada vez más raras, sí; pero oportunidades para personas que puedan resolver problemas hay más que nunca.
Y no digas que no. ¿Cuándo fue la última vez que preferiste escribir tu propio algoritmo de sorting en vez de hacer npm install? ↩︎
Como líder, es tu trabajo promover comportamientos saludables y sostenibles en tu equipo. Pero no importa cuánto lo intentes, o qué tanto empeño le pongas, cada persona es un mundo: en algún momento te va a tocar trabajar con alguien a quien le va a costar más descansar cuando tiene que descansar, y desconectarse cuando se tiene que desconectar. Un workaholic.
Esta es una de las situaciones más difíciles a las que te puedes enfrentar, porque como sucede con todas las cosas que involucran personas, no hay una forma 100 % correcta de abordar la situación.
En su libro Extreme Ownership, Jocko Willink menciona que “un estándar no es lo que predicas, sino lo que toleras”. ¿Cuál es el mensaje que recibe el resto del equipo al ver que uno de sus compañeros está trabajando más tarde, más duro, más forzado que ellos? Si no tomas cartas en el asunto, y toleras este comportamiento, es probable que el resto del equipo lo vea como el estándar, y antes de que te des cuenta, no van a estar quemados, sino quemadísimos.
Entonces, ¿qué haces?
Podrías tomar la ruta pragmática, y decirle que no tomar descansos es equivalente a dejar dinero sobre la mesa. Los días de vacaciones son un beneficio para el empleado, y podrían ser considerados parte de la compensación. Si no los toma, o trabaja mientras debería de estar desconectado, es efectivamente como si le estuviera regalando labor a la empresa.
Otra opción es darle retroalimentación. Usando el modelo SBI, podrías decirle que trabajar fuera del horario esperado, o participar en discusiones cuando se supone que debería de estar de vacaciones, pone un mal ejemplo en el equipo, porque entonces los demás van a sentir que ellos tampoco pueden descansar, y se van a sentir más presionados.
O podrías marcar límites más estrictos basados en las expectativas de la relación laboral.
Pero aquí es donde aparece una de las complicaciones que vienen con ser un líder empático y responsable: no sabes por qué esta persona trabaja tanto. Tal vez realmente le encanta su trabajo, y genuinamente no puede dejar de pensar en él. Quizá lo hace porque quiere quedar bien contigo, y así le enseñaron que se demuestra su valor en un equipo.
O puede ser que trabajar sea su manera de lidiar o escapar de sus problemas personales.
Aunque no te corresponde diagnosticar a nadie (ni intentar resolverle sus problemas), una vez que conectas con la humanidad de las personas con las que trabajas, comienzas a pensar en este tipo de cosas.
Todos tenemos mecanismos para afrontar situaciones incómodas. Yo, por ejemplo, tengo la tendencia a buscar refugio en la comida. Algunos se muerden las uñas o evitan.
Otros trabajan.
Cuando le dices a alguien que tiene que cambiar su comportamiento porque puede tener repercusiones negativas, o peor, le pones límites claros, puede que le estés complicando la vida aún más sin darte cuenta. A mí, mi nutriólogo y mi terapeuta me ayudan a navegar mis compulsiones, y aunque es difícil, tengo la ventaja de que puedo pasar por el proceso relativamente en privado.
Nada más imaginarme el predicamento que sería para mí tener que cambiar algo tan personal para no afectar mi trabajo me hace querer correr al refri, irónicamente. Porque no es como que me fascine la idea de darle 3 vueltas a la alacena entre cada llamada para ver si mágicamente apareció algo sabroso — ya es un reto suficientemente grande controlar la compulsión por sí sola, sin involucrar mi trabajo. Si mi rendimiento en la empresa estuviera en riesgo de verse afectado por eso, no se me haría justo. Pero tampoco me gustaría que mi manager tomara un rol que no le corresponde.
En fin…
Una pregunta es qué puede hacer un manager para evitar que su equipo se queme. Otra muy diferente es dónde dibujar la línea entre ser un buen manager y un buen líder que reconozca y honre la humanidad de las personas, sin tomar un rol que no le corresponde.
En mi grupo en Etsy tenemos varias posiciones abiertas para iOS Engineers y Android Engineers en México. Aclaro: son posiciones diferentes, tenemos múltiples de cada una; no necesitas saber iOS y Android.
Los equipos que están contratando trabajan con temas de observabilidad, arquitectura, modernización, y los sistemas de CI/CD.
Las posiciones son para Senior Engineer (IC3). Típicamente, buscamos que tengas experiencia comprobable en la industria de por lo menos 4 o 5 años, y que hayas trabajado en proyectos complejos. También tenemos otras para gente con menos experiencia profesional; mándame un correo si te interesa.
En iOS usamos Swift y SwuftUI, aunque todavía hay algunas cosas en UIKit que tenemos que migrar. En Android, la mayoría de la aplicación ya está en Kotlin con Jetpack Compose.
El rango salarial (base) para las posiciones de IC3 comienza en $1.275 millones, hasta 1.687 millones al año (brutos), sin considerar bonos, PTU y otras prestaciones.
El esquema de pago es 100 % nómina. Tenemos SGMM, bono anual del 10 %, fondo de ahorro, PTU, y RSU para todas las posiciones.
La chamba acá requiere inglés, porque toca trabajar en equipos internacionales (no hay “equipos mexicanos”).
Las posiciones están abiertas para CDMX y Guadalajara. Si no estás en alguna de esas ciudades, igual manda tu CV, nunca se sabe. Pero sí necesitas estar en México, y poder trabajar aquí legalmente.
Los interesados en aplicar, deben llenar este form. A los que manden el CV les voy a mandar una invitación a una llamada de Google Meet en los próximos días, para responder dudas que pudieran tener.