Las redes siempre han moldeado la organización de las sociedades. Las calzadas romanas no solo facilitaron los viajes; trazaron el alcance del Estado y los límites del poder. Las rutas de navegación determinaron dónde florecieron los imperios coloniales y dónde se desvanecieron. En la época victoriana, los ferrocarriles no solo acortaron los viajes; reorganizaron la sociedad británica.
Crearon los traslados diarios y el ocio, convirtieron los pueblos de mercado en suburbios, estandarizaron la hora nacional y colapsaron el significado de la distancia. También reordenaron la autoridad: los horarios importaban tanto como los parlamentos. Lo que parece una elección cultural es a menudo el eco de la infraestructura. El mundo actual de dispositivos móviles y conectados a la nube es otro momento victoriano. Las redes comprimen el tiempo y el espacio, y luego nos entrenan silenciosamente para vivir a su velocidad.
Por eso recibimos toda nuestra información en forma de memes. El meme se ha convertido en la metahistoria, la capa donde se transporta el significado. No necesitas leer el contenido; solo necesitas la esencia, comprimida y transmitida en una oración, una imagen o un chiste. Ha asumido el papel del titular. La máquina acelera esta dinámica. Exige material constante; deja de alimentarla y toda la estructura se sacude. El propósito de internet ahora es principalmente captar la atención y empujarla hacia el comercio, para mantener el motor en marcha. Cualquiera puede obtener su tajada.
La velocidad ha tomado el control.
Los incentivos que pones frente a los problemas determinan cómo se solucionan:
Todo esto se resume en un punto mayor. Cuando la atención está fragmentada y la velocidad se convierte en el valor dominante, los medios se reorganizan en torno a esa realidad. No porque alguien se despierte queriendo engañar a la gente, sino porque el contexto hace que algunos caminos sean sobrevivibles y otros imposibles.
Creo que las personas que genuinamente se levantan con ganas de chingar al prójimo no son tantas como las que simplemente estamos intentando hacer lo mejor que podemos con lo que tenemos.
Estar en una posición en la que puedes definir los incentivos que van a hacer que otras personas tomen decisiones es algo que no debes tomarte a la ligera.

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