A veces me pongo a pensar en escenarios imaginarios. Como por ejemplo, que mi día laboral no sucediera en incrementos de 15 minutos, o que tuviera que tomar más de 7 llamadas al día de manera regular.
(Curiosamente, los días que más fantaseo con eso, son aquellos días en los que no me siento particularmente conectado con mi trabajo.)
Pero luego recuerdo cuando era desarrollador de software y tenía esos espacios prolongados de concentración sin interrupciones. Sobre todo, recuerdo cómo hubo un momento en el que fantaseaba con que mis días fueran más dinámicos, menos repetitivos.
Así que ahora, cuando me pongo a fantasear sobre cómo podría ser mejor mi situación, recuerdo que estoy justamente donde un día quise estar.
Dice el dicho que “el pasto siempre es más verde del otro lado.”
Y sí, probablemente. Pero porque está fertilizado con mierda.