Fiona en Fokus.cool:
Yo personalmente no toco los LLM ni con un palo. No los dejo cerca de mi cerebro. Muchos de mis amigos comparten ese sentimiento.
Pero creo que es importante reconocer que estamos en una situación privilegiada al poder hacerlo. La gente se ve obligada a usar estos sistemas —por patrones de interfaz, expectativas de sus jefes, la contaminación del conocimiento que hace cada vez más difícil aprender cosas, o simplemente presión de pares. El mundo se adapta a estas tecnologías, y no usarlas puede ser una desventaja sustancial en la escuela, la universidad o en cualquier lugar.
Gran parte del debate público sobre la IA se centra en la calidad de sus resultados. Señalar sesgos, marketing vacío, burlarse de las formas fascinantes en que fallan, y así sucesivamente. Por supuesto, los problemas prácticos son importantes de discutir, pero no deberíamos apoyarnos demasiado en ese aspecto en nuestra filosofía y activismo, o corremos el riesgo de perdernos la verdadera agenda de la IA.
No importa qué tan bien funcione la “IA”, tiene algunos problemas profundamente fundamentales que no desaparecerán con el progreso técnico. Incluso me atrevería a decir que son intencionales.
Fiona comenta los efectos en el control y el poder que el uso de los LLMs ejercen sobre nosotros. Me hacen mucho sentido, sobre todo el siguiente punto:
Cuando usamos una herramienta, esta se vuelve parte de nosotros. Eso no solo ocurre con martillos, plumas o autos, sino también con un cuaderno usado para organizar pensamientos. Se vuelve parte de nuestro proceso cognitivo. Las computadoras no son diferentes.
Una de mis citas favoritas es la del Padre John Culkin:
Primero damos forma a nuestras herramientas; después, nuestras herramientas nos dan forma.
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