Aquí hay una historia interesante:
El estudiante de doctorado en economía Aidan Toner-Rodgers escribió un artículo intrigante sobre el impacto de la IA en el el trabajo el año pasado, que concluyó que aumentó la productividad de los trabajadores, pero a los trabajadores no les gustaba usarla. Luego, un científico informático se puso en contacto con el MIT con dudas sobre la integridad del artículo, lo que llevó a los profesores a investigar.
Pero todo fue inventado. El artículo del WSJ trae detalles con mucha carnita:
Ante un grupo de aproximadamente dos docenas de estudiantes y profesores, describió la introducción de una herramienta de IA implementada para 1018 científicos en un laboratorio dedicado a ajustar recetas moleculares de materiales en una gran empresa estadounidense anónima. Con la herramienta de IA, explicó, los científicos especificaban las características que deseaban que tuviera un compuesto, y la herramienta generaba recetas entre las que los científicos podían elegir.
Según su artículo, los investigadores descubrieron más materiales, presentaron más patentes nuevas y observaron un aumento en la cantidad de prototipos. Pero lo revelador no fue solo que la IA pudiera facilitar el trabajo, sino que los beneficios se destinaron principalmente a los científicos que ya eran los más exitosos.
Toner-Rodgers continuó trabajando en el artículo durante el verano. Versiones posteriores incluyeron una encuesta que, según él, mostraba que los científicos estaban ampliamente insatisfechos con la herramienta de IA a pesar de las mejoras en la productividad. “No pude evitar sentir que gran parte de mi educación ahora es inútil”, citaba el artículo a un científico. En noviembre de 2024, Toner-Rodgers presentó sus hallazgos en un seminario organizado por la Oficina Nacional de Investigación Económica (NBER), la principal organización de investigación económica del mundo, donde tuvieron una excelente acogida. Ese mismo mes, el artículo fue citado en un testimonio ante el Congreso. Semanas después, la revista científica Nature lo destacó. La última versión se publicó en arXiv, un repositorio global de investigación científica inédita, en diciembre.
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