Armando la última edición de mi newsletter, recordé que había querido compartir esto pero se me había pasado.
La semana pasada compartí un post donde el autor hablaba de la diferencia entre ser pobre y no tener dinero. Quiero complementar eso con este episodio de Money with Katie donde entrevista a la Dra. Tressie McMillan Cottom:
“Las recompensas por la respetabilidad son una lotería, pero hacemos lo que podemos dentro de los límites impuestos por un complejo entramado de interacciones estructurales y sociales diseñadas para limitar el acceso al estatus, la riqueza y el poder.
No sé cuánto gastó mi madre en su capa color camello o sus botas altas, pero sé que lo que pagó le reportó beneficios difíciles de cuantificar. ¿Cómo se le pone precio a la mirada de asombro de un empleado de la oficina de asistencia social que decide que uno no es como esas otras mujeres insignificantes en la sala de espera y le proporciona información adicional sobre cómo rellenar un formulario que uno no habría sabido cuestionar? ¿Cuál es el valor de un director de escuela que se muestra un poco más comprensivo con tu hijo porque la imagen que proyecta tu madre sugiere que podría usar la astucia burocrática de los padres de clase media para abogar por él?
No era consciente del valor de estas interacciones cruciales con organizaciones y personas influyentes en relación con nuestra pobreza cuando era niña, pero soy la prueba viviente de su rentabilidad.”
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