Existe un tipo de experimento mental que consiste en escribir cartas a tu yo del pasado.
Se supone que debes compartir sabiduría adquirida con esfuerzo, ahorrarle sufrimiento a tu yo del pasado, tal vez aconsejarle que compre Bitcoin o que evite ese corte de pelo tan desafortunado.
He estado pensando en qué escribiría en una carta así, y he llegado a la conclusión de que todo el ejercicio está condenado al fracaso desde el principio.
Mi yo del pasado no me haría caso.
Peor aún, si me hiciera caso, sin duda la arruinaría de alguna otra forma, alternativa, novedosa y creativa que ni siquiera puedo imaginar.
El problema con dar consejos en general es que nadie los sigue. Tu amigo te pregunta si debería dejar a su novio mediocre, le das un análisis profundo de la dinámica de su relación, y tres meses después siguen juntos y quejándose de lo mismo.
He estado pensado más y más en esta idea desde que cumplí 30. Joan le da al clavo:
Se necesita cierta cantidad de experiencia acumulada, errores y encuentros fortuitos con ideas antes de que los nuevos conceptos encajen. Decirle a mi yo del pasado que leyera ciertos libros en el momento equivocado sería como intentar enseñar cálculo a alguien que aún no ha aprendido álgebra. La información no le serviría de nada. Peor aún, una exposición prematura podría haberme inmunizado contra ideas que necesitaría más adelante. He visto a personas que se topan con ideas demasiado pronto, creen haberlas comprendido y luego se aferran a una versión sesgada que las hace aún más equivocadas que si nunca hubieran oído hablar del concepto. Véase: personas que creen entender 1984, el marxismo, el capitalismo y el comportamiento humano en la barra de ensaladas.
Esta idea resuena mucho con la filosofía estóica. Epicteto:
“No busques que los acontecimientos sucedan como deseas, sino más bien desea que sucedan como suceden, y tu vida transcurrirá sin problemas.”
Más y más recientemente me cacho diciéndome, wey, si le hubieras hecho caso a tal persona cuando te dijo esto, te hubieras ahorrado todo este desmadre. Pero como decía mi abuela, nadie escarmienta en cabeza ajena.
Conocimiento ≠ sabiduría. Y la realidad es que si mi yo del pasado le hubiera hecho caso a los consejos que me dieron, tendría lo primero, pero no lo segundo.
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