Anoche terminé de leer 1929 de Andrew Ross Sorkin, y hacia el final del libro tiene esta idea que quise compartir:
Los mercados no son concursos de virtud y honor. Al enfrentar la codicia de sus participantes entre sí, se abren paso de manera desordenada hacia precios justos y razonables. Con el tiempo, en conjunto, el sistema funciona, incluso si en cualquier momento dado puede parecer puro caos.
Obviamente esto resonó conmigo desde el punto de vista de lo que está pasando en la industria del software. Hace un tiempo escribí:
Yo también conozco programadores con 20 años de experiencia que están siendo rechazados por el mercado laboral. Y te puedo asegurar que no es porque sean malos programando, sino porque no tienen las habilidades que el mercado está pidiendo.
Es porque, en esos 20 años de trabajo, no se preocuparon por desarrollar ninguna otra habilidad además de programar lo que otras personas diseñaron, negociaron y acordaron.
Ponte en los zapatos de la empresa: ¿qué me importan tus 20 años de experiencia si puedo obtener un resultado comparable —tal vez no igual, pero comparable— con un ahorro del 90 % al contratar a alguien menos experimentado, pero que sepa hacer las preguntas correctas a un LLM?
Un principio bastante popular de la programación es: primero haz que funcione, luego hazlo elegante. La realidad es que a la gran mayoría de las empresas lo único que les importa es que funcione. Y ya. Y si pueden lograr que algo funcione (y ya) por menos dinero, van a elegir esa opción una y otra vez. Felicidades por tus 20 años de experiencia programando, by the way.
Al mercado no le importan tus intenciones, expertise o arte.

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