Lee esto si sientes que tu nuevo manager no vale madre

En el mundo del software estamos acostumbrados a resolver problemas complicados: sistemas con muchas piezas móviles, pero predecibles; si sigues el manual y tienes las habilidades técnicas, llegas a donde quieres ir. Desplegar una infraestructura en AWS u optimizar tu query de Postgres.

En un sistema complejo, las variables interactúan de formas que no puedes predecir simplemente leyendo un manual. Aquí es donde tu capacidad de escribir código limpio deja de ser el factor determinante. Como he mencionado en artículos previos, muchos crecimos con el hábito de resolver todo solos porque así funcionaba antes. Sin satanizar: a final de cuentas, nuestro cerebro ha evolucionado para hacer más de las cosas que funcionan y menos de las que no. Y si tenemos evidencia de que comportarnos de X o Y manera funciona, es normal que por default sigamos haciendo eso.

Y funciona, hasta que ya no.

Diseñar tu carrera profesional es un problema complejo porque tienes que considerar un chingo de variables que en sí mismas son complejas y poco determinísticas. La dimensión humana, cultural, geográfica, histórica. La más pequeña variación hacia un extremo u otro en cualquiera de ellas afecta el ecosistema de una manera que no podemos predecir.

Pero sí anticipar.

Te toca chambearle para construir la relación que quieres

Extrañas a tu manager anterior con el que todo era fácil. Sentías que te entendía, que te cuidaba, que te procuraba. Y ahora, tu nuevo manager nada más te pide estatus, o nomás te busca para cagotearte, y no hay ese sentimiento de que están chambeando juntos, o de que tiene tus intereses en mente.

La diferencia entre estos dos no es necesariamente que uno sea mejor que el otro, sino que el primero estaba haciendo todo el trabajo de crear la relación por los dos. Él se encargaba de leerte, de preguntarte cómo estabas, de traducir la empresa para ti. Con el nuevo te das cuenta de que no tienes una relación per se, sino una serie de transacciones que tienes que navegar constantemente.

¿Quieres los beneficios de una relación? Pues, como en cualquier otra relación en tu vida: tienes que dedicarle tiempo y esfuerzo. Toca chambearle.

No puedes esperar que el entendimiento mutuo caiga del cielo. Si no hay una relación y tú sabes que la necesitas, vas a tener que tomar la iniciativa.

Tienes que ser consciente de qué idioma hablan las personas a tu alrededor, tanto tu manager como tu equipo (¿importa más la eficiencia o jerarquía?) y empezar a comunicarte en sus términos. Como he escrito antes, la madurez profesional consiste en dejar de esperar que la empresa se adapte a ti y empezar a hackear el sistema desde adentro.

Si sabes que tu equipo obtiene confianza a través de las relaciones y tú te reconoces como un juegasolo por naturaleza, “saber jugar el juego” significa forzarte a dar más contexto, a preguntar cómo estuvo el fin de semana, a compartir un poco de ti. No porque tengas que cambiar tu forma de ser, sino porque entiendes que eso va a hacer tu chamba más sencilla a largo plazo, y te va a desbloquear oportunidades de crecimiento que ni te imaginas.

Hace sentido, pero seguro te estás preguntando: ¿cómo sé cuáles son las palancas que puedo mover?

Un mapa cultural

En The Culture Map, un libro que me hubiera gustado leer mucho antes en mi carrera, Erin Meyer argumenta que existen dimensiones invisibles que dictan cómo trabajamos intra e interculturalmente:

  1. Comunicación
  2. Feedback
  3. Liderazgo
  4. Decisiones
  5. Confianza
  6. Desacuerdos
  7. Tiempo
  8. Influencia

Algunos ejemplos:

Comunicación: Bajo Contexto vs. Alto Contexto: Como mexicanos, estamos cableados para el alto contexto. Nos fijamos en el gesto, en la pausa, en quién más está en la oficina cuando alguien dice algo. “Me dijo que sí, pero lo pensó”, decimos. Para nosotros, el mensaje está en el entorno.

Pero si trabajas con un equipo en Estados Unidos o Alemania, ellos son de bajo contexto. Lo que se dice es lo que es. No hay segundas lecturas. Si asumes que ellos “deberían entender” tu sarcasmo o tu sutil inconformidad, te vas a quedar esperando una respuesta que nunca llegará.

Feedback: Directo vs. Indirecto: Este es el punto donde más sangre corre. Imagina a un manager austríaco revisando tu pull request. Se sienta frente a ti y te dice: “¿Por qué me entregas esto si no es lo que te pedí?”.

Para un latino, eso se siente como una jalón de greñas. Casi quieres llorar porque sientes que te están diciendo que no vales madre. Pero para él, es simplemente feedback. No hay un componente emocional; es eficiencia pura. En su cultura, no decirte la verdad de frente sería una falta de respeto hacia tu profesionalismo. En la nuestra, suavizamos el golpe para no herir susceptibilidades, lo cual a menudo termina en una falta de claridad absoluta.

Confianza: Relaciones vs. Tareas: “Si saliendo de aquí nos vamos por una chela, voy a confiar más en tu código”. Este es el estándar en México y gran parte de Latam. Necesitamos el vínculo humano para trabajar a gusto. Otras culturas simplemente dicen “confío en ti porque entregas a tiempo y tu código no rompe producción”. Punto.

No voy a dar ejemplos para todas las dimensiones, pero con esto te das una idea: hay muchas muchas formas en las que puedes entender el comportamiento de las personas con las que trabajas. Y es tu responsabilidad desarrollar ese lenguaje si mantenerte vigente en el mercado laboral es algo que suena atractivo para ti.

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Aprovechando el cagadero

El caos organizacional, los cambios de prioridades de un día para otro y los managers que nada más te preguntan cómo vas son, en realidad, una mina de oro. En un ambiente perfecto, con procesos claros y cultura impecable, no creces; solo sigues rieles, y a huevo que hay un momento para eso. Pero en el cagadero es donde aprendes a ser un líder de verdad. Es donde desarrollas la capacidad de leer entre líneas, de negociar con personas que piensan radicalmente diferente a ti y de mantener la cordura cuando todo está valiendo madre.

Te lo juro, la solución no es cambiar de empresa: probablemente te encuentres con problemas similares bajo nombres distintos.

La solución es enfrentar este problema con autocompasión curiosa.

Mira a tu alrededor con curiosidad, no con juicio. “Ah, mira, Fulanito reacciona mejor al feedback directo”. “Ah, mi manager necesita que yo tome la iniciativa en la relación porque él no sabe cómo”. Una vez que eres consciente del lenguaje que realmente tiene una influencia en tu crecimiento profesional, puedes empezar a mover los hilos a tu favor.

No va a ser fácil. No va a pasar de un día para otro. Pero nada que valga la pena en esta carrera sucede sin un poco de fricción. Educa tu mirada, entiende a los humanos detrás del código, y te prometo que tu chamba se va a empezar a ver mucho más como un campo de entrenamiento de alto nivel.

Si quieres dejar de ser víctima de tu entorno y empezar a navegar tu carrera con astucia estratégica, agenda una sesión de coaching conmigo. Vamos a desenmarañar la complejidad juntos.

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