Liderazgo es la capacidad de influenciar sin título

Ibrahim Diallo en su blog comparte una experiencia enseñándole a un vecino, a la mala, que tenía que bajarle el volumen a su televisión. La historia es por ahí del 2007, y comienza cuando Ibrahim y su vecino contrataron Dish casi al mismo tiempo y recibieron un nuevo control:

Una noche, cuando todos dormían y el vecino estaba viendo un programa de televisión a todo volumen, decidí diagnosticar el problema. En el momento en que presioné el botón de encendido en el control remoto de radiofrecuencia, mi televisor y el decodificador se encendieron, y la televisión del vecino quedó en silencio. “¡Mierda!”, escuché que alguien dijo. Estaba confundido. ¿Acababa de hacer eso yo? La televisión se volvió a encender, el volumen subió. Caminé hacia la ventana armado con el remoto. Conté hasta tres y luego presioné el botón de encendido. La televisión de mi vecino se quedó en silencio. Él gruñó.

Cada vez que encendía la televisión, yo presionaba el botón de encendido de nuevo y su dispositivo se apagaba. Bueno, ¿quién lo diría? Teníamos interferencia de alguna manera. Nuestros controles remotos estaban configurados para operar en la misma frecuencia. Cada control remoto controlaba ambos dispositivos.

Ibrahim intentó hablar con su vecino para explicarle la situación, pero le cerró la puerta en la cara. Así que decidió enseñarle con un principio de psicología básico que el volumen de su televisión no debía pasar de cierto nivel:

Cada vez que subía el volumen, yo simplemente apagaba su dispositivo. Escuchaba su frustración y sus intentos por resolver el problema. Como un entrenador de animales de circo, me mantuve constante. Si el volumen de su televisión subía por encima de lo que imaginaba eran 15 o 20, presionaba el botón de encendido. Se convirtió en una rutina para mí durante semanas. Algunas noches fueron difíciles; mantenía el control remoto bajo mi almohada, luchando contra mi terco vecino toda la noche.

Un día, noté que no había presionado el botón en días. Abrí la ventana y todavía podía escuchar el sonido tenue de su televisión. A través de prueba y error, aprendió la lección. Si el volumen permanecía por debajo de mi umbral arbitrario, la televisión seguía encendida. Pero tan pronto como pasaba ese umbral, el dispositivo se apagaba.

Es el mismo principio del que hablé en El caso del tech lead que no pone límites y se lleva a su equipo entre las patas:

En corto: si tu líder se comporta así, es porque de algún lado está recibiendo feedback positivo que le indica que está bien comportarse así. Probablemente, sus jefes lo felicitan por su “disponibilidad” y su “compromiso”. Chance, lo que a tu tech lead le gusta es sentirse útil, y esta es una manera de lograrlo a expensas de su equipo. Tal vez le lograron lavar la cabeza muy cabrón y trae bien puesta la camiseta. Quién sabe.

La cosa es que, cuando no hay un contrapeso que ponga ese refuerzo positivo en perspectiva, es cuando las cosas pueden evolucionar hasta el punto en el que quieres agarrarlo de las greñas. Así que toca darle visibilidad de que lo que hace no está del todo bien: generar ese contrapeso.

Si a tu líder no le toca sufrir las consecuencias de decir que sí a todo, ¿por qué habría de cambiar? Es como intentar entrenar a un perro para que no se haga adentro: si nunca hay una consecuencia clara y directa en el momento adecuado, el comportamiento se va a repetir indefinidamente.

Para lograr cambiar esta situación, el líder tiene que ser parte de la chinga. No se trata de ser combativo ni de armar un berrinche. Se trata de hacer evidentes las consecuencias y darle oportunidad de corregir el comportamiento.

Si tu líder decide cambiar el sprint a la mitad, lo que puedes hacer es involucrarlo en el costo de esa decisión.

Liderazgo es la capacidad de influenciar sin título. Tal vez tu tech lead tiene más rango, pero eso no significa que no puedas influenciar su comportamiento usando principios básicos de psicología y comportamiento.

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