En The Washington Post publicaron un artículo sobre cómo las IA son poco efectivas en algunas tareas, como digitalizar un plano arquitectónico, diseñar un modelo 3D, crear una visualización de datos o programar un juego web. Mientras que en las primeras tareas fallaron de forma abismal, cuando se trató de programar, no tanto:
Los sistemas de IA produjeron mejores resultados en una de las tareas del estudio, que implicaba crear un videojuego web. La mejor versión, hecha sin trabajo humano, es jugable —un logro impresionante—, pero el sistema de IA ignoró la instrucción de que el juego tuviera una temática de cervecería.
[…]
Un humano creó este juego por 1,485 dólares. Los investigadores hicieron que Sonnet, de Anthropic, lo produjera por menos de 30 dólares.
Tal vez la IA no siguió la instrucción de usar la temática solicitada, pero el juego se puede jugar. Es lo suficientemente bueno, y producirlo costó apenas el 2 % de lo que cobró el humano.
Dos por ciento.
Si bien cualquier programador con P mayúscula va a decir que esto no es un ejercicio significativo y que la realidad del mercado es otra, creo que estamos en un punto en el que quien no lo entiende es porque no quiere. Producir código es más barato que nunca, y se vuelve más barato cada segundo que pasa.
Pero antes no era así…
Antes sí te pagaban por escribir código

Carlos Santana publicó en LinkedIn su experiencia reciente buscando trabajo como programador:
Es desalentador ver lo que está pasando con la programación. La creatividad está siendo reemplazada por diseños repetitivos y poco originales generados por IA. Todos los sitios web se ven iguales: solo otro clon de ShadCN. Hubo un tiempo en que el desarrollo web era una forma de arte, donde las personas creaban experiencias únicas e inspiradoras. ¿Ahora? Es algo sin alma, predecible y optimizado únicamente para bots y ganancias rápidas.
Para quienes están comenzando en tecnología: piénsenlo dos veces. Programar es una gran habilidad para aprender, pero no dejen que los atrape. Exploren otras carreras donde su creatividad y esfuerzo sean realmente valorados. Incluso ingenieros con más de 20 años de experiencia están teniendo dificultades, así que solo puedo imaginar lo duro que es para los recién graduados.
La industria está cambiando, y no para bien.
No es cierto que la creatividad y el esfuerzo ya no sean valorados. Sí lo son, pero cada vez más en habilidades que no consisten únicamente en escribir código.
La industria no está “cambiando para mal”. Simplemente está cambiando, como lo ha hecho muchas veces en el pasado. Antes, te pagaban por el código que producías, no necesariamente por los problemas que resolvías. En 2026 es lo opuesto, y el cambio comenzó alrededor de 2019.
De 2009 a 2018, no se necesitaba tener un negocio para hacer dinero. Necesitabas una idea —no necesariamente buena— y alguien que te diera dinero para implementarla. La cultura startup se cimentó, y muchísimos emprendedores comenzaron a “bajar dinero” para desarrollar un producto, el que fuera, que encontrara product market fit.
Primero desarrollaban una solución o una tecnología, y luego veían si había espacio para ella en el mercado.
Y la forma de encontrar ese espacio era buscar crecer a toda costa. Mientras más usuarios adquirieran y la retención se mantuviera estable o al alza, estaban haciendo las cosas bien.
Si no, había que pivotear: cambiar el producto, la estrategia o el problema que estaban intentando resolver (aunque muchas veces no hubiera uno, en primer lugar). Twitter comenzó como una aplicación de podcasts llamada Odeo; Instagram, como una aplicación para entusiastas del vino llamada Burbn. Y así, muchísimas más.
Así funcionó el ecosistema por mucho tiempo, porque los incentivos estaban alineados para que así fuera.
Después de la crisis económica de 2008, Estados Unidos buscó hacer que el dinero fluyera bajando las tasas de interés de los préstamos. De repente, pedir dinero prestado para invertir era muy barato. De esta forma, personas acaudaladas y con buen apalancamiento pudieron apostar por diferentes jugadores, esperando que uno de ellos eventualmente saliera a la bolsa o fuera adquirido.
A esto se le llama tener un exit. Twitter eventualmente salió a la bolsa, mientras que Facebook compró Instagram por mil millones de dólares en 2014, aunque no hubiera generado un solo dólar de retorno durante los años que operó de manera independiente. Pero tenían buena tecnología y product market fit. WhatsApp, Uber y Snapchat —muchas de las aplicaciones que hoy das por sentadas— tienen una historia similar.
Ahora te pagan por resolver problemas
Hoy en día, las empresas tienen un problema: se terminaron las tasas preferenciales y pedir dinero prestado se volvió caro. Hoy, más que nunca, las empresas necesitan generar dinero. Y lo van a hacer de la manera que les sea posible. Porque es eso, o morirse.
Esto significa que las empresas:
- Van a aprovechar la sobreoferta de programadores medianamente capacitados, porque son más baratos.
- Van a dejar de enfocarse en hacer tecnología y se concentrarán en resolver problemas de negocio fundamentales, comprando soluciones en lugar de desarrollarlas internamente.
- Van a pagar los grandes sueldos y beneficios a personas que sepan hacer algo más que simplemente escribir código: personas que tengan algo tangible que aportar al negocio.
El panorama laboral para las personas que únicamente saben programar se ve cada vez más complicado.
Si nada más sabes ejecutar lo que otros te dicen, tu carrera está en peligro
Yo también conozco programadores con 20 años de experiencia que están siendo rechazados por el mercado laboral. Y te puedo asegurar que no es porque sean malos programando, sino porque no tienen las habilidades que el mercado está pidiendo.
Es porque, en esos 20 años de trabajo, no se preocuparon por desarrollar ninguna otra habilidad además de programar lo que otras personas diseñaron, negociaron y acordaron.
Ponte en los zapatos de la empresa: ¿qué me importan tus 20 años de experiencia si puedo obtener un resultado comparable —tal vez no igual, pero comparable— con un ahorro del 90 % al contratar a alguien menos experimentado, pero que sepa hacer las preguntas correctas a un LLM?
Un principio bastante popular de la programación es: primero haz que funcione, luego hazlo elegante. La realidad es que a la gran mayoría de las empresas lo único que les importa es que funcione. Y ya. Y si pueden lograr que algo funcione (y ya) por menos dinero, van a elegir esa opción una y otra vez. Felicidades por tus 20 años de experiencia programando, by the way.
¿Entonces qué?
Entonces, ¿qué nos depara el futuro del mercado laboral en tecnología? La respuesta es sencilla: la ventaja competitiva la tendrán las personas que saben hacer algo más que programar.
Hablar con clientes, crear y nutrir relaciones, comunicarse con personas sin conocimientos técnicos, entender la economía del mercado en el que opera su empresa.
Resolver problemas.
Independientemente de la industria, las tecnologías o las necesidades técnicas del mercado, la única constante durante las últimas revoluciones sociales —y, me atrevería a apostar, las que siguen— es la capacidad de tratar con personas.
La clave para mantener una carrera larga y vigente no es el lenguaje de programación que dominas ni el framework de moda que aprendiste en una tarde. Es la confianza que otros tienen en ti. Eso se gana lento, se pierde rápido y se cuida como se cuidan las amistades que valen.
La técnica cambia. Pero si la gente confía en que cumples, que no desapareces y que respondes con integridad, eso no caduca.
¿Quieres tener una carrera en cinco años? Tienes que dejar de pensar en tu dominio de la tecnología como tu única fuente de valor y comenzar a invertir en habilidades de negocios, liderazgo, comunicación y estrategia. Y si no quieres hacerlo solo, llena este formulario y platiquemos.
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