Puede que algo te importe mucho. Igual no lo vas a priorizar si no tienes los incentivos adecuados.

En Inglés se usa mucho la frase put your money where your mouth is. Pon tu dinero donde pones tu boca. Sé congruente; no hables por quedar bien; comprométete.

Ojalá fuera así de fácil.

La realidad es que el nivel de importancia que le damos algo no siempre está alineado con nuestras condiciones para hacerlo una prioridad. Estas condiciones —nuestro entorno— definen los incentivos que moldean nuestro comportamiento.

Todos tenemos nuestro talón de aquiles, y los incentivos que lo explotan siempre ganan sobre la razón:

  • Puede que te importe mucho mantenerte sobrio. No lo vas a hacer si eso significa quedarte sin amigos.
  • Puede que quieras mejorar tu salud. No lo vas a hacer si eso significa no poder compartir cenas con tu familia.
  • Puede que valores mucho la honestidad. No la vas a practicar si eso significa perder tu empleo.
  • Puede que te importe cuidar tu salud mental. No lo vas a hacer si eso implica decepcionar a tu jefe.
  • Puede que quieras pasar más tiempo con tus hijos. No lo vas a hacer si eso implica renunciar a tu rol de “imprescindible” en la oficina.

Así es como hemos aprendido a sobrevivir en el mundo durante miles de años: respondiendo a nuestras necesidades de manera inconsciente.

Acuérdate de esto la próxima vez que te preguntes por qué en tu empleo, o en cualquier otra situación, alguien dice que le importa una cosa, pero hace otra.

Busca el incentivo, y túmbate el rollo — porque eso que tanto quieres que pase, no va a pasar si no se alinea con los incentivos de la otra persona, independientemente de cuánto diga que le importa.

“It is difficult to get a man to understand something, when his salary depends on his not understanding it.” ―Upton Sinclair

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