En su forma más esencial, la procrastinación es una respuesta emocional ante la incomodidad. No es una falta de carácter, ni una debilidad de fuerza de voluntad.
Es tu sistema nervioso buscando una alternativa menos estresante a una actividad con la que no sabe cómo lidiar.
¿Cómo se lidia con la procrastinación? La respuesta amplia es: a través de la introspección. Necesitas entender qué es lo que realmente te está generando esa aversión hacia la tarea que tienes en frente. Después, y solo después, podrás entender cómo es que puedes ayudarle a tu cerebro a desatorarse.
Aquí están algunos pasos que puedes seguir:
- Haz una lista de actividades que asocias directamente con tu procrastinación. Haz memoria y describe con mayor detalle posible qué es lo que tenías que hacer, el nivel de presión que tenías, etc.
- Analiza qué tan severa fue tu procrastinación en cada una de esas situaciones, y escríbela al lado de cada una.
- Lee tus respuestas, y encuentra características que tengan en común. Hacerlo te ayudará a definir la causa de tu reacción emocional.
Por ejemplo, podrías encontrar que las ocasiones en que más sufres de la procrastinación son cuando tienes deadlines impuestos por terceros. O cuando tienes que hablar sobre algo en lo que no te sientes competente. Tal vez procrastinas cuando tienes que entregar malas noticias, o cuando no tienes la confianza de hacer lo que te pidieron.
Darte cuenta de esto no va a resolver tu problema de procrastinación de una vez por todas. Pero sí te va a ayudar a entender en qué es lo que tienes que poner atención, y qué es lo que tienes que modificar de tus procesos creativos para eliminar el componente emocional de las tareas que tienes que hacer.
La procrastinación no se va simplemente con fuerza de voluntad. Date la oportunidad de resolverlo de una manera humana.