• La falsa seguridad de los desarrolladores de software

    Probablemente te llueven ofertas de trabajo en LinkedIn — simplemente por listar el lenguaje de programación de moda como una de tus habilidades. Si es así: cuidado, esa seguridad que sientes es falsa.

    Saber más lenguajes, tecnologías y metodologías no significa que tienes mejores prospectos para crecer profesionalmente.

    Una trampa común para las personas que van iniciando en desarrollo de software es creer que su valor real en esta industria es el stack de tecnología que dominan. Así como yo, tú probablemente en algún momento sentiste orgullo en decir que desarrollabas X tecnología, y nada más. Pero te tengo que decir algo: el stack tecnológico, por más variado, amplio, profundo y dinámico que sea, es meramente un detalle de implementación. Cualquiera puede aprender cualquier lenguaje de programación, y volverse suficientemente bueno, con suficiente dedicación.

    Una carrera profesional, al contrario de un simple trabajo, no se construye de manera lógica, lineal o transaccional.

    Todos los carpinteros saben usar martillos, serruchos, sierras. ¿Por qué hay carpinteros más exitosos que otros? ¿Es porque saben usar el martillo mejor con más estilo? ¿O porque agarran el serrucho de una manera muy particular?

    El carpintero más exitoso, que se da el lujo de decir con qué clientes sí quiere trabajar; aquel que es reconocido por la manera en que materializa su visión de cómo se debería de ver un mueble, no llegó a esa posición por tener el mejor martillo. Ese carpintero se dio cuenta de que lo que realmente importa (y por lo que le pagaban) era todo lo demás. Entregar a tiempo, cumplir su palabra, saber negociar… no ser el mejor usando una herramienta en particular, sino saber qué herramienta usar para lograr su objetivo.

    ¿Cuándo fue la última vez que escuchaste alguien en una posición importante en esta industria presentarse listando las tecnologías que dominan? Y aquí estamos muchos, creyendo que llegaremos lejísimos y tendremos una carrera siendo nada más un “Ruby Developer”.

    Desarrolladores de Ruby encuentras en todos lados. Un verdadero profesional de la industria que sepa Ruby es algo mucho más raro.

  • 7 razones por las que tu carrera en desarrollo de software no ha despegado

    Si estás leyendo esto es probable que te sientas estancado o estancada en tu carrera. Sí, has estado desarrollando software, tal vez profesionalmente, por algún tiempo. Pero ese breakthrough aún no llega.

    Aquí hay 7 cosas que estás haciendo, y que te están metiendo el pie sin que te des cuenta.

    1. No tienes bien definido qué quieres hacer, o en quién te quieres convertir. Te gustaría dominar cierta tecnología, pero no tienes claro por qué, ni para qué usarás ese dominio una vez que lo obtengas. Básicamente estás aprendiendo por aprender.
    2. Estás construyendo en aislamiento. Crees que la solución es más importante que el proceso, cuando en realidad en el desarrollo del problema es donde se encuentran los verdaderos aprendizajes. Nada crece en un vacío.
    3. Estás acumulando conocimiento. Le das más valor a aprender cosas nuevas, que a aplicarlas y experimentar. En algún momento tienes que cerrar tus 200 cursos de Platzi y ponerte a resolver problemas reales. goto: 1.
    4. Te quedas con la textura de las discusiones, e ignoras el bigger picture. ¿Qué importa más, si ganó tu propuesta o si la solución acordada impacta de manera positiva al equipo?
    5. Le das demasiada importancia a los detalles de implementación. Sí, es importante el framework que quieres usar, o la arquitectura con la que quieres resolver el problema. Pero nada es más importante que resolver el problema a la mano.
    6. Aún le tienes miedo a tu ego. No quieres fallar en público, le temes a compartir tu proceso, y prefieres llegar con soluciones ya armadas. Crees que la opacidad de tus respuestas es una ventaja, porque te hace esencial. En realidad te hace un punto de fallo dentro del equipo.
    7. Estás aplicando demasiada lógica. Tratas a las personas con la misma frialdad con la que diseñas algoritmos. No es sorpresa que la tengas difícil a la hora de generar capital social.

    Haz pequeños ajustes en estas 7 áreas, y verás cómo por arte de magia las oportunidades de crecimiento profesional comienzan a aparecer ante ti.

  • La trampa de la productividad sin consciencia

    ¿Por qué quieres incrementar tu productividad? La respuesta más común a esta pregunta es “para poder hacer más cosas”. Habiendo yo mismo dado esta respuesta múltiples veces, intento reflexionar en qué parte del proceso de crecimiento comenzamos a asociar la cantidad de cosas que hacemos con nuestro valor como personas.

    La idea de ser más productivo no debería de estar enfocada en hacer más, sino en reducir la fricción para que hagamos lo que tenemos que hacer de la manera más tranquila posible. De la manera más humana posible.

    Tú y yo somos parte de un sistema que, hora tras hora, está buscando exprimir la mayor cantidad de productividad de cada uno de nosotros. Eficiencia, dicen, es lo principal. Ser eficientes. Ser productivos. Si no estás siendo productivo, estás desperdiciando recursos. Si no maximizas tus horas de trabajo, estás siendo irresponsable.

    Mientras más enfoque le das a ser productivo y a incrementar tu eficiencia, más estás renunciando a lo que te hace humano: la imperfección. Al espacio para tener sentimientos, opiniones y reacciones a las circunstancias que se te presentan.

    A alguien que idealiza la como una medida para determinar su valor le costará mucho entender que lo que te hace único es tu perspectiva, experiencia de vida y tu humanidad. La misma humanidad que te hace a veces fallar en tus metas, y no completar tu lista de tareas a tiempo. Colectivamente, mientras más nos enfoquemos en ser productivos y eficientes por el simple hecho de hacer más, nos haremos menos humanos. Porque entonces necesitaremos menos personas.

    “Suena la campana que aún puede sonar. Olvida tu ofrenda perfecta. Hay una grieta en todo. Es así como entra la luz.” Leonard Cohen inicia su canción “Anthem” con esa reflexión.

    La próxima vez que te quieras sentir mal por no ser “suficientemente productivo”, recuerda: hay una grieta en todo. Es así como entra la luz.

  • Ser líder: ¿quieres el puesto o la responsabilidad?

    El puesto de liderazgo está sobrevalorado.

    Muchas personas asociamos ser “únicamente” seguidores, o miembros de un equipo, con sentimientos negativos. Como si no tener el reconocimiento del puesto nos hiciera menos personas. Y como si el hecho de no tener un nombramiento oficial significara que no podemos ejercer el rol de liderazgo que sentimos merecemos.

    En realidad, dentro de una organización, todas las personas están siguiendo los pasos de otras. Nadie es un líder sin ser liderado.

    Hay líderes, y hay seguidores. Y así como hay buenos y malos líderes, hay buenos y malos seguidores.

    Un buen líder da dirección y provee al equipo de herramientas y frameworks para cumplir objetivos a largo plazo. Un mal líder reparte tareas y espera que las metas se cumplan porque sí.

    Un buen seguidor puede tomar la dirección de un buen líder, estar en desacuerdo, y buscar maneras de hacer saber que la premisa de la tarea es incorrecta. Un mal seguidor tomará la tarea, y aún sabiendo que la dirección no es la correcta, la implementará. Después culpará al líder.

    Un buen seguidor a su vez es un buen líder. Pues ser un líder no significa que sabes más o que tienes el control — o que tienes un nombramiento, necesariamente. Sino que tienes una responsabilidad con tu equipo. Cómo materializas esa responsabilidad es lo que te definirá como un profesional.

    Un buen líder a su vez es un buen seguidor. Pues sabe que la retroalimentación de las personas a las que está liderando no siempre será fácil de digerir, pero que el resultado neto será siempre positivo.

    ¿Quieres el puesto, o la responsabilidad? Porque la responsabilidad está lista para que la tomes. Todo lo demás es tu ego hablando.

  • Tienes HiPPO y no sabías

    Probablemente, tienes HiPPO y aún ni te das cuenta.

    HiPPO es el acrónimo de Highest Paid Person’s Opinion. Tener HiPPO te hace pensar que las ideas de las personas que ganan más que tú son automáticamente mejores o más válidas que las tuyas.

    Sabes que el HiPPO está jodiéndote la vida cuando sales de una llamada refunfuñando porque la jefa tuvo una pésima idea, y ahora sientes que tienes que rehacer todo tu trabajo. Pero no dijiste nada. Porque la jefa dijo.

    Cuánto gana una persona es menos un reflejo de sus habilidades, y más un reflejo de qué tan buen vendedor es.

    Tener HiPPO es bastante cómodo. Después de todo, deferir la responsabilidad de la toma de decisiones a un líder o un jefe es conveniente. Quejarse y amargarse es mucho más sencillo que decir “no estoy de acuerdo”. Si algo sale mal, fue él o ella el que tomó la decisión — tú solo ejecutaste.

    Afortunadamente, hay un antídoto para quitarte el HiPPO, y no es que te asusten, o que te pongan un hilo rojo en la frente. Se llama Sentido de Agencia. Se dice que alguien tiene bien desarrollado el Sentido de Agencia cuando esa persona sabe que sus acciones tienen consecuencias, y está dispuesta a afrontarlas.

    El Sentido de Agencia ejercido es lo que marca la diferencia entre alguien que vive para trabajar y alguien que trabaja para vivir.

    Para desarrollar y ejercer tu Sentido de Agencia, recuerda:

    • Si gana más no es porque sabe más.
    • Todos tienen algo que aportar en la mesa.
    • De todos modos no te conviene trabajar en un lugar donde no valoran tu opinión.

    Quítate el HiPPO. Atrévete a cuestionar. Confía en tu expertise.