• Siempre hay una lección

    Ayer hablé de que es importante que no te lleves las lecciones incorrectas de las situaciones que vives:

    Por ejemplo, cuando las cosas te salen bien, tus emociones te van a hacer creer que la lección es que eres el mejor en lo que haces, y que nada te puede salir mal.

    Por otro lado, cuando las cosas te salen mal, tus emociones te van a hacer creer que no deberías de volver a intentarlo nunca.

    Ambas son extremos que tienes que evitar: uno te hará tomar riesgos innecesarios, y el otro te dejará paralizado y limitará tu potencial.

    Pero hoy pensé que me hizo falta considerar una opción: cuando decides no llevarte una lección, ni buena ni mala.

    Hace unos meses escribí sobre el proceso de toma de decisiones:

    Hay pocas cosas que no decides, y que más bien tu fisionomía te obliga a hacer: respirar, parpadear, por mencionar algunas. Si bien también puedes decidir no hacerlo, no va a pasar mucho tiempo antes de que tu cuerpo te lo comience a reclamar.

    Todo lo demás, lo haces porque lo estás decidiendo — consciente, o inconscientemente.

    Y no importa si tomas decisiones inconscientemente, también te van a afectar sus consecuencias. Así que, ¿por qué no buscar hacerlo de manera consciente?

    Mi llamado a la acción para ti hoy es que decidas buscar las lecciones que tu entorno está intentando enseñarte.

    Porque hay lecciones en todo, absolutamente todo lo que hacemos. A veces son aparentes inmediatamente, otras nos tardamos meses o años en reconocerlas.

    Pero ahí están.

    Y decidir ignorarlas, hasta por omisión, únicamente te está jugando en contra.

  • La lección incorrecta

    No eres un ser racional.

    Aunque creas que tomas decisiones lógicas, la realidad es que la mayoría de las veces te dejas influenciar por tus emociones.

    Esto es especialmente problemático al momento de extraer aprendizajes de las situaciones que vives.

    Porque los aprendizajes que están más coloreados por emociones que por razón únicamente sirven para alimentar y proteger a tu ego, y para crear una cámara de eco de la cual es muy difícil salir después.

    Por ejemplo, cuando las cosas te salen bien, tus emociones te van a hacer creer que la lección es que eres el mejor en lo que haces, y que nada te puede salir mal.

    Por otro lado, cuando las cosas te salen mal, tus emociones te van a hacer creer que no deberías de volver a intentarlo nunca.

    Ambas son extremos que tienes que evitar: uno te hará tomar riesgos innecesarios, y el otro te dejará paralizado y limitará tu potencial.

    Por eso es imperativo que entiendas que muy probablemente la lección que vas a tender a extraer de lo que te pasó es tu ego queriendo crecerse o protegerse.

    No le des rienda suelta.

  • ¿Dejarlo o continuar?

    Si intentas algo y no te sale, ¿cómo reaccionas? ¿Lo dejas, o lo vuelves a intentar?

    Si decides dejarlo, se podría decir que no lo querías tanto en primer lugar. Si continúas intentado, debe significar que realmente lo quieres.

    En su libro Grit, Angela Duckworth comparte una idea que me impactó:

    “Una cosa es el talento. Y otra muy diferente es lo que decidimos hacer con él.”

    Y tiene un punto: no sirve de nada que tengas todo el talento del mundo si no desarrollas las habilidades necesarias para potenciarlo.

    Desafortunadamente, creo solo sabremos si un esfuerzo valió la pena con el beneficio de la retrospectiva; una vez que decidimos dejarlo, o que llegamos a la meta.

    Pero la clave es esta: lo que me funciona a mí, puede ser la peor opción para ti. Mi nivel de tolerancia a las dificultades es completamente diferente al tuyo.

    Así que en vez de glorificar el sacrificio por lograr metas, y de menospreciar a las personas que deciden dejar de intentarlo, recuerda: probablemente, el costo de la perseverancia no sea adecuado para mí; así como las implicaciones de decidir dejar algo no sean compatibles con tu sistema de principios y valores.

  • Riesgo vs. suerte

    Riesgo es lo que queda después de que crees que pensaste en todo lo que puede salir mal, dice Morgan Housel.

    La suerte es lo opuesto: lo que queda después de que crees haber pensado en lo que puede salir bien.

    Qué curioso, ¿no? Que cuando se habla de prepararse para el futuro, casi siempre pensamos en prepararnos para el riesgo, y no para la suerte.

    Tenemos planes de contención, fondos de emergencia, alternativas.

    Por si sale mal.

    Pero rara vez tenemos planes por si las cosas nos salen bien.

    ¿Y por qué deberíamos, pensamos, si que nos salgan bien las cosas es algo bueno?

    La predicción afectiva, dice Daniel Gilbert, es la tendencia que tenemos a intentar predecir cómo es que nos vamos a sentir cuando algo futuro suceda. Desafortunadamente, los estudios demuestran que somos pésimos en ello (lee más aquí).

    Y eso es lo que hace que no hacer planes por si las cosas te salen bien es extremadamente peligroso. Gill y la pandilla del tanque de Buscando a Nemo lo saben.

    Así como que tus planes no se concreten puede tener un efecto devastador, también lo puede ser que sí llegues a donde quieres.

    Se trata de un balance. ¿Por qué te prepararías solamente para el 50 % de los resultados probables?

    Piénsalo. ¿Qué vas a hacer si te sale bien?

  • Es mejor acompañado

    ¿Crees que es más fácil hacer las cosas solo?

    Sin tener que “rendirle cuentas” a nadie. Sin tener que “justificar” las decisiones que tomas.

    Probablemente, sí. ¿Pero qué estás dejando sobre la mesa por no estar abierto a compartir tus experiencias?

    En el trabajo, en la vida, las cosas difíciles se vuelven más tolerables cuando tienes a alguien de tu lado para apoyarte cuando flaquees, para levantarte cuando te caigas, para no dejarte cometer más errores, y para celebrar cuando ganes.

    Crear una carrera. Adquirir experiencia. Aprender de los errores. Alcanzar metas. No solo son mejores, sino hasta más fáciles, cuando te dejas ayudar. Cuando te abres a la posibilidad de tener a alguien que esté apoyándote.

    ¿Qué tienes que ofrecer a cambio?

    Paciencia y una mente abierta.

    Para aceptar que no lo sabes todo. Que tu forma de ver las cosas está influenciada por tu pasado y experiencias. Y que tal vez, solo tal vez, tu versión de los hechos no es una verdad universal.

    Date chance. Es mejor acompañado.