Al inicio de la primera gran sesión de grabación de los Beatles, George Martin, el ejecutivo de la disquera, les explicó a gran detalle el efecto que quería alcanzar. Terminó con, “Díganme si hay algo que no les guste.”
“Bueno, para empezar,” dijo George Harrison, “no me gusta tu corbata.”
George tenía una cualidad que a muchos nos hace falta: la capacidad de ser honesto hasta en los detalles más mínimos.
Su honestidad le permitía, como dijo Jann Wenner, fundador de Rolling Stone, “tocar exquisitamente al servicio de la canción.”
Honesto con lo que quería, con sus habilidades. Y con su ambiente.
Entre la honestidad y la imprudencia hay una línea muy delgada.
Tienes que calibrar tus sentidos para entender cuando tu honestidad existe en servicio de tu craft, como Wenner apreció de Harrison; y cuando existe en función de tu ego, que seguro es lo que habrá apreciado George Martin en ese estudio de grabación.
Sé honesto con tus habilidades, limitantes y deseos.
No seas imprudente con tu tiempo, tus circunstancias, y tu espacio.