• Hay que poner las cosas en perspectiva

    Antes de ir a dormir, Theodore Roosevelt y su amigo, el naturalista William Beebe salían a ver el cielo, a buscar una pequeña conglomeración de luces cerca de la constelación Pegaso.

    “Ahí está la Galaxia Espiral en Andrómeda. Es tan grande como la Vía Láctea. Es una de las cien millones de galaxias. Tiene cien mil millones de soles, cada uno más grande que el nuestro.”

    Roosevelt entonces volteaba con su amigo y decía: “Bien, creo que ya somos suficientemente pequeños. A dormir”.


    Nos enganchamos en el día a día. Afligidos por lo que está sucediendo a nuestro alrededor, y queriendo controlar hasta el más mínimo detalle.

    Desgastándonos en el proceso.

    Sin darnos el tiempo de poner las cosas en perspectiva. De buscar oportunidades de aterrizarnos en nuestra humilde realidad en la que, para fines prácticos, nada depende enteramente de nosotros.

    Nada, excepto el cómo reaccionamos a las situaciones que se nos presentan.

    Recuerda esto la próxima vez que algo no salga como esperabas. Cuando el reporte no llegue a tiempo; cuando tengas un bug en tu aplicación; cuando tu compañero de trabajo esté siendo todo menos útil; cuando tu jefe revele sus verdaderas intenciones.

    Todas esas son oportunidades de, como Roosevelt y Beebe, voltear al cielo y darte cuenta de lo poco consecuente que en realidad es lo que te está estresando tanto.

  • No es tu culpa. Sí es tu responsabilidad.

    Los humanos somos criaturas de hábitos.

    Y no solo eso, también somos emocionales.

    Por más que nos jactemos de nuestras capacidades intelectuales y de raciocinio, no podemos evitarlo: caemos en los mismos patrones de comportamiento, una y otra vez, influenciados por esos hábitos y emociones.

    No es nuestra culpa. No es culpa de nadie, realmente. Simplemente, es un producto del ambiente donde crecimos, los ejemplos que tuvimos, y el esquema de valores que nos ayudó a sentirnos seguros en nuestras etapas formativas.

    No es nuestra culpa, pero sí nuestra responsabilidad.

    Pero, ¿quién que se crea a sí mismo como alguien intelectual y racionalmente competente no haría algo por cambiar una situación que no está en su mejor interés?

    Esa es la dicotomía a la que nos tenemos que enfrentar.

    Cuando nos damos cuenta de que algo que hacemos y hemos hecho toda nuestra vida no nos está llevando en la dirección en la que queremos ir, no se trata solamente de reevaluar las tácticas y cambiar la forma en que operamos.

    No.

    Se trata de observar qué es lo que nos llevó a comportarnos así en primer lugar. Entender y apreciar que, en nuestras etapas formativas, recibimos señales de refuerzo de que estaba bien comportarse así. Hacer las paces con que nuestra forma de ver el mundo está coloreada por generaciones y generaciones de personas que construyeron esa realidad para nosotros.

    Y luego hacer algo al respecto.

    Y no, no es fácil. Es doloroso, tardado, costoso. Por eso, tantas personas prefieren taparse los oídos y ojos, e ignorar el problema: que sea responsabilidad de los demás navegar alrededor de sus problemas.

    Pero tú no. Tú eres responsable.

    Tú vas a ejercer tu sentido de agencia, tomar cartas en el asunto, y vas a involucrarte activamente en decidir a dónde quieres llevar tu vida y tu carrera.

    ¿Lo quieres hacer acompañado? Te esperamos en Pathways.

  • ¿Quién eres fuera del trabajo?

    Es de ensueño pensar que únicamente tienes que encontrar ese algo que va a hacer que todos tus problemas desaparezcan.

    En las películas y series, la implicación es que después del clímax no volvió a haber problemas para la pareja principal. ¿Crees que Ross y Rachel no volvieron a tener diferencias? Si se pasaron 10 temporadas sin poder ponerse de acuerdo…

    Es irreal, y lo sabes. Todos lo sabemos.

    Sin embargo, seguimos buscando llenar ese vacío en nuestras carreras de la misma manera: buscando la oportunidad, la empresa, el empleo que no nos traerá problemas, y que cumplirán al 100 % lo que te prometieron en las entrevistas. Como si los mercados no cambiaran y las organizaciones no se tuvieran que ajustar a las realidades del mundo.

    Lo peor: a veces le damos más importancia de la que merece, permitiendo que nuestro empleo se vuelva desproporcionadamente nuestra mayor fuente de satisfacción — no solo profesional, sino también personal.

    Y eso es un problema.

    Imagínate que conoces a una persona nueva esta noche. ¿Cuánto tiempo pasaría antes de que le estuvieras platicando de lo que haces en tu empleo?

    Hm…

    ¿Y quién eres fuera de tu carrera?

    ¿Qué te gusta hacer que no involucre crecer profesionalmente, o seguir avanzando en tu craft?

    ¿Hay algo que hagas solamente porque te gusta?

    ¿Qué fuente de satisfacción tienes que no esté atada a tu empleo?

    Eventualmente, vas a tener que enfrentarte a estas preguntas. No se trata de si, sino de cuándo va a pasar. Tú decides si comienzas a trabajar en las respuestas a tu ritmo, desde hoy, o si dejas que el mercado laboral te obligue a hacerlo cuando los números no hagan sentido.

  • Es más fácil vivir así

    “Padre, aprenda a confiar en un hombre honesto.”

    Eso fue lo que le dijo Pietro Perugino, maestro de Raphael, al sacerdote que lo había estado cuidando mientras pintaba un fresco en un convento en Florencia.

    El sacerdote había estado parado junto a Pietro toda la noche, dándole pocas cantidades por vez del carísimo pigmento ultramarino que el artista utilizaba.

    “¡Cómo absorbe pintura esa pared!”, decía el sacerdote de vez en cuando. Pietro lo ignoraba y continuaba trabajando, ocasionalmente limpiando su brocha en un bol con agua.

    Cuando terminó su trabajo del día, Pietro vació el agua y le entregó al sacerdote el bol con sedimento puro de ultramarino en el fondo.

    “Aquí tiene, Padre. Y por favor, aprenda a confiar en un hombre honesto.”


    Vamos por la vida cuidándonos de que no nos roben.

    Y muchas veces, eso que tanto cuidamos, y que nos causa tanta aflicción, ni siquiera es nuestro.

    Así como el sacerdote, que en vez de usar su tiempo de una manera más productiva de acuerdo a sus creencias, decidió perder un día completo intentando evitar que algo que no iba a a suceder sucediera, nosotros perdemos nuestra vida un minuto a la vez preocupados por cosas que no van a pasar.

    Michel de Montaigne dijo, “mi vida ha estado llena de cosas terribles que jamás sucedieron.” Y qué relacionable es esa idea.

    Porque creemos que todos están buscando cómo hacernos daño. Constantemente a la defensiva.

    ¿Qué pasaría si aprendiéramos a confiar en la honestidad de las otras personas? ¿Qué tanto de nuestro tiempo — de nuestra vida — podríamos recuperar?

    Y sí, seguramente nos vamos a encontrar con alguien deshonesto. Pero no importa.

    Confiemos en la honestidad de las personas. Es más fácil vivir así, que estar a la defensiva todo el tiempo.

  • La frustración de anticipar

    Va a suceder aunque tú no quieras.

    Y si quieres, y sucede, no será por ti.

    Tienes que hacer las pases con eso.

    Porque no importa cuánto lo desees — o creas necesitar — no puedes controlar el mundo que te rodea.

    Únicamente puedes controlar cómo reaccionas ante él. Es algo que decides.

    ¿Hubo un cambio de prioridades en el trabajo? Tú decides si es algo por lo que deberías de frustrarte, o si es una oportunidad.

    ¿No le encuentras pies y cabeza a las prioridades? Tú decides si te dejas frustrar por la situación, o lo ves como algo que puedes ayudar a resolver.

    Recuerda: la realidad — tu realidad — es subjetiva, y depende del lente a través del cual la veas.

    ¿Y lo mejor de todo? Puedes cambiar ese lente cuando quieras.